El amor que hace mal (Obispo Macedo)

El amor que hace mal (Obispo Macedo)

Por Social Media

La fe que no está influenciada por las emociones es el único instrumento para rescatar nuestra alma. Sabiendo esto, el infierno ha sido incesante para arrastrar a muchos al «amor pasional».

Ese tipo de amor libre y sensacionalista atrae a los emotivos, porque en nombre de él todo es válido: hombre con hombre, mujer con mujer, anciano con joven, amor al dinero, al mundo y su gloria, y demás…

El mal sustenta ese sentimiento entre la gente con el fin de no solo llevarlas al matrimonio infernal, sino –sobre todo- producir otras personas rebeldes y potencialmente generadoras de más problemas. ¿Resultado? Caos social.

Cuando ese amor irracional se tiene al dinero, encontramos el origen de todas las injusticias sociales. La preocupación del rico es tener más y más. Aunque eso cueste la muerte de los hambrientos y la desgracia de los menos favorecidos.

El dinero proporciona tal sensación de poder y seguridad que hace que sus víctimas se olviden del futuro eterno de su alma, haciéndoles despreciar la fe.

Lo peor es que la fuerza de ese «amor» ha desviado la tenue fe de la mayoría de los cristianos debido a su fuerte vínculo con la codicia.

Pero no solo es con relación al dinero, se da mucho más con relación a las pasiones surgidas entre el hombre y la mujer. En ese aspecto su destrucción ha sido abundante.

El dinero, en sí mismo, no es malo. Pero el amor a él sí lo es. Como siervo, el dinero es fiel, pero como señor es extremadamente cruel.

Así como no es posible amar a dos hombres o mujeres al mismo tiempo, tampoco la fe sobrenatural acepta mezclar la razón con las emociones.

 

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